En el 2025, la producción nacional de vino alcanzó un volumen cercano a los 21.9 millones de litros, lo que significó un incremento de 4.5% en comparación con el periodo previo. Este desempeño positivo estuvo impulsado principalmente por el fortalecimiento de la demanda interna, que continúa posicionándose como un factor clave en el dinamismo de la industria vitivinícola del país.
Autoridades del sector productivo resaltaron que, a lo largo de los últimos diez años, esta actividad ha mostrado un crecimiento sostenido con una tasa promedio anual de 6.9%. Este avance se evidencia al observar la evolución de la producción, que pasó de 11.1 millones de litros en 2016 a casi duplicarse en 2025, alcanzando los 21.9 millones. Este incremento refleja no solo la expansión del mercado, sino también mejoras en la capacidad productiva y en la gestión de las empresas del rubro.
Actualmente, la industria vitivinícola está conformada por 369 empresas formales distribuidas en el territorio nacional. Un aspecto destacable es que el 98.1% de estas unidades productivas corresponde a micro y pequeñas empresas (MYPE), lo que demuestra el papel fundamental que desempeñan los emprendimientos de menor escala en el desarrollo del sector. Estas empresas contribuyen a la generación de valor agregado, a la innovación y al fortalecimiento de economías regionales.
En términos laborales, el impacto del sector también es significativo. Durante el año 2025, la actividad vitivinícola generó más de 36 mil empleos directos, consolidándose como una fuente importante de oportunidades laborales. Este impacto no se limita únicamente a la producción agrícola, sino que se extiende a toda la cadena de valor, incluyendo procesos de transformación, logística, comercialización y servicios asociados.
En el ámbito internacional, las exportaciones de vino lograron alcanzar los 552 mil litros en el mismo año, generando ingresos por alrededor de 1.6 millones de dólares. Aunque estas cifras aún se consideran moderadas frente a los grandes productores globales, representan un avance sostenido en la inserción del vino nacional en mercados extranjeros y evidencian el potencial de crecimiento en el comercio exterior.
El vino producido en el país logró llegar a un total de 28 destinos internacionales, destacándose entre ellos mercados importantes como Estados Unidos, Francia, Japón, España y China. Esta diversificación de destinos refleja un creciente nivel de aceptación y reconocimiento del producto en el exterior, así como el esfuerzo de las empresas por ampliar su presencia en mercados cada vez más exigentes y competitivos.
En cuanto a la distribución geográfica de las empresas, se observa una marcada concentración en Lima y Callao, donde se ubica el 37.4% del total. Estas zonas concentran no solo la actividad empresarial, sino también importantes canales de comercialización y acceso logístico. En segundo lugar se encuentra la región de Ica, con el 31.7%, reconocida históricamente como uno de los principales polos de producción vitivinícola del país.
Otras regiones con presencia significativa incluyen Tacna, que alberga el 6.8% de las empresas, y Arequipa con el 5.7%. Estas zonas cuentan con condiciones climáticas y geográficas favorables para el cultivo de la vid, lo que ha permitido el desarrollo de una producción diversificada y de calidad. Además, contribuyen a la descentralización de la actividad económica y al fortalecimiento de economías regionales.
En estas regiones se cultivan diversas variedades de uva, muchas de ellas tradicionales y patrimoniales, que forman parte esencial de la identidad vitivinícola nacional. Estas cepas no solo aportan características únicas al producto final, sino que también reflejan la riqueza cultural y la historia asociada a la producción de vino en el país.
En conjunto, el desempeño del sector en 2025 muestra un panorama alentador, marcado por el crecimiento productivo, la generación de empleo, el protagonismo de las pequeñas empresas y una creciente presencia en mercados internacionales. Estos elementos consolidan a la industria vitivinícola como una actividad estratégica dentro de la economía nacional, con importantes perspectivas de expansión, innovación y fortalecimiento en los próximos años.