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Perú e India aceleran el cierre de un TLC histórico para consolidar su alianza minera y tecnológica

El fortalecimiento de los lazos comerciales entre las naciones emergentes representa un hito estratégico en la geopolítica económica actual. En este contexto, las representaciones diplomáticas y las autoridades gubernamentales de la India y el Perú han proyectado el mes de junio de 2026 como la fecha clave para retomar las mesas de diálogo en Nueva Delhi. El propósito central de este encuentro es dar el impulso definitivo a las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC), aspirando a formalizar el pacto antes de que concluya el presente año. Este acuerdo no solo busca la eliminación de obstáculos arancelarios, sino que pretende insertar a la economía sudamericana en el mercado con mayor dinamismo y expansión demográfica del planeta.

Desde las altas esferas de la representación exterior peruana en el país asiático, se ha ratificado que la capital india será el escenario de esta nueva fase negociadora. No obstante, los servidores públicos responsables de la conducción técnica del proceso han señalado que, si bien la meta es cerrar el acuerdo en el transcurso de 2026, el cronograma final está sujeto a la estabilidad del entorno político interno. Específicamente, se ha mencionado que la dinámica electoral en el país andino, con la proximidad de procesos decisivos en las urnas, es el único factor de peso que podría alterar la celeridad de las conversaciones. A pesar de estos matices de política doméstica, el compromiso de los equipos técnicos de ambos Estados permanece firme hacia la convergencia económica.

La estrategia que los funcionarios de la nación sudamericana han diseñado para este periodo busca trascender el intercambio de bienes tradicionales. Se aspira a que el Perú se consolide como un aliado estratégico en términos de seguridad industrial y desarrollo tecnológico para la India. En este sentido, las autoridades peruanas están fomentando activamente la participación de capitales indios en la prospección y aprovechamiento de recursos minerales de alta demanda global, tales como el cobre, la plata, el molibdeno y, de manera destacada, el litio. Al ostentar la posición de segundo mayor exportador mundial en varios de estos rubros, el país andino se presenta como un proveedor confiable y necesario.

Para el Gobierno indio, esta alianza resulta prioritaria dentro de sus planes de soberanía industrial. Las autoridades de Nueva Delhi tienen como objetivo diversificar sus fuentes de suministro para disminuir la vulnerabilidad ante proveedores tradicionales, asegurando los insumos críticos para industrias de vanguardia como la fabricación de semiconductores y el ensamblaje de vehículos eléctricos. Para fortalecer este interés, servidores públicos peruanos han extendido una invitación formal a los altos mandos del sector minero de la India para una visita oficial a finales de junio. Se espera que esta comitiva, integrada por figuras ministeriales y grupos de inversión, explore directamente las capacidades productivas peruanas, esenciales para la transición energética india y la estabilización de sus reservas de valor en un mercado global volátil.

Las cifras respaldan la relevancia de este acercamiento. Durante los primeros nueve meses de 2025, el flujo de mercancías hacia la India experimentó un crecimiento superior al 30 % en comparación con el ejercicio previo, rozando los 4.000 millones de dólares. Ya en 2024, el intercambio comercial total había consolidado a la India como el segundo socio comercial del Perú en la región asiática y el cuarto a escala global. Los gestores públicos encargados de la política comercial subrayan que el TLC permitiría balancear la balanza comercial, facilitando al Perú el acceso a productos manufacturados, insumos farmacéuticos y desarrollos tecnológicos indios de alta competitividad.

Hasta la fecha, los equipos técnicos de ambos países han superado exitosamente nueve rondas de negociación, logrando consensos significativos en áreas complejas como el comercio de servicios, los regímenes de origen y la simplificación de trámites aduaneros. De concretarse la firma al finalizar el año, se produciría un alivio sustancial para los exportadores de productos agroindustriales, tales como el cacao, los arándanos y los granos andinos. Estos productos enfrentan actualmente gravámenes que pueden superar el 30 %, por lo que la desgravación permitiría una entrada competitiva a un mercado de consumo masivo que se perfila como el motor económico de la próxima década.

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