La arquitectura de las relaciones internacionales del Perú en el continente asiático tiene en Corea del Sur a uno de sus pilares fundamentales. Según informes recientes emitidos por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR), la relación bilateral no solo se ha consolidado en términos diplomáticos, sino que ha alcanzado niveles de dinamismo comercial y turístico que marcan un hito en la agenda exterior de nuestro país. Este éxito es el reflejo de una sinergia que combina la riqueza de los recursos naturales peruanos con la avanzada demanda industrial y tecnológica de la nación coreana.
Durante los primeros once meses de 2025, el flujo de intercambio comercial entre Perú y Corea del Sur alcanzó la cifra de 2.557 millones de dólares. Este monto no es menor, pues representa una expansión del 4,9% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este crecimiento es particularmente significativo en un contexto económico global donde la volatilidad de los mercados suele afectar las transacciones de larga distancia; sin embargo, la relación peruano-coreana ha demostrado una resiliencia notable.
El motor principal de este repunte ha sido el desempeño de las exportaciones peruanas. Entre enero y noviembre, los envíos hacia la península coreana sumaron 1.919 millones de dólares, lo que equivale a un incremento del 5,4%. MINCETUR destaca que este fenómeno es una consecuencia directa del aprovechamiento estratégico del Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre ambas naciones. Gracias a este marco normativo, los productos peruanos gozan de preferencias que los hacen sumamente competitivos frente a otros proveedores globales.
El análisis de los productos revela tendencias fascinantes sobre lo que Corea del Sur demanda de la oferta peruana. En el sector energético, el gas natural se posicionó con un crecimiento del 16%, mientras que en la minería tradicional, el plomo aumentó sus envíos en un 23%. No obstante, los saltos más espectaculares se observaron en sectores no tradicionales y metales preciosos:
En el sector hidrobiológico, la pota o calamar gigante se ha convertido en un fenómeno comercial, registrando un incremento en ventas del 280,5%. Este dato sugiere una inserción profunda del producto peruano en la industria alimentaria y el consumo directo surcoreano. Por su parte, los metales preciosos como los compuestos de oro mostraron un dinamismo sin precedentes, con un alza del 174,3%. Este crecimiento implica que el valor de estos envíos casi se triplicó en comparación con el ciclo de 2024, consolidando al Perú como un proveedor de insumos de alto valor.
Por otro lado, el flujo de importaciones desde Corea del Sur hacia el Perú alcanzó los 638 millones de dólares, un aumento del 3,3%. Es vital entender que estas adquisiciones no son meramente de consumo, sino que representan una inyección de capital técnico para el país. El Perú adquiere principalmente vehículos y bienes de plástico que son esenciales para la logística y la industria manufacturera. Maquinaria pesada con equipos como las palas mecánicas que son insumos críticos que fortalecen la capacidad operativa de la minería y la construcción civil, además de productos farmacéuticos y sus insumos clave para la salud pública y la industria médica nacional.
Finalmente, la relación bilateral trasciende las aduanas para entrar en el ámbito del intercambio humano. El turismo se ha convertido en un eje revitalizador de la imagen del Perú en Asia. Al cierre de 2025, las estadísticas muestran un interés creciente del ciudadano coreano por la cultura andina y amazónica. Solo en diciembre, ingresaron al país 2.009 turistas coreanos.
Si observamos el panorama completo del año pasado, el arribo total fue de 18.356 visitantes. Esta cifra es un testimonio de cómo la promoción turística está surtiendo efecto, atrayendo a un perfil de viajero que valora la gastronomía, el patrimonio histórico y la biodiversidad, consolidando así al Perú como el destino preferente para los surcoreanos que buscan experiencias auténticas en América Latina.
En resumen, la alianza Perú – Corea del Sur en 2025 se define por una balanza comercial saludable, una oferta exportable que se diversifica con éxito y un flujo turístico que promete seguir creciendo, sentando las bases para una prosperidad compartida a largo plazo.