El sector frutícola del Perú se encuentra en un proceso constante de evolución, buscando siempre el próximo gran éxito que acompañe al liderazgo ya consolidado del arándano. En este escenario, la frambuesa ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una pieza fundamental de la estrategia de diversificación productiva nacional. Según recientes análisis técnicos realizados por organismos especializados vinculados al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), este fruto de alto valor comercial posee todas las características necesarias para transformar la oferta exportable del país hacia los mercados más exigentes del mundo.
Durante el reciente seminario virtual «Tendencias comerciales del cultivo de frambuesa en el Perú», expertos y autoridades del sector, representados por entidades como Agromercado, desglosaron el panorama global que sustenta este optimismo. Los datos son elocuentes: para el cierre de 2024, la producción mundial de este «berrie» alcanzó la impresionante cifra de 920 millones de toneladas. Este crecimiento ha sido traccionado por potencias agrícolas como Rusia, México, Serbia, Estados Unidos y Polonia, que actualmente lideran el suministro global.
El interés por la frambuesa no es casual; responde a un cambio profundo en los hábitos de consumo a nivel global. El comercio internacional de frutos rojos congelados (bajo la clasificación arancelaria que agrupa a frambuesas, moras y grosellas) generó un movimiento económico de aproximadamente 1.251 millones de dólares en el último año.
El foco de esta demanda se encuentra mayoritariamente en la Unión Europea. Países como Alemania se han convertido en referentes de consumo, con una tasa per cápita que ronda los cinco kilogramos anuales de berries. Esta tendencia alcista representa una ventana de oportunidad única para naciones exportadoras que, como el Perú, cuentan con la capacidad técnica para asegurar tres pilares fundamentales como la calidad premium del fruto, la continuidad en el suministro durante todo el año y el estricto cumplimiento de los protocolos sanitarios y fitosanitarios internacionales.
Más allá del valor económico, la frambuesa encaja perfectamente en la tendencia de «alimentación funcional». Su alta concentración de antioxidantes, fibra y vitamina C la posiciona como un producto indispensable para el consumidor moderno que prioriza la salud y el bienestar.
A pesar del potencial identificado, la industria de la frambuesa en el Perú todavía se encuentra en una fase de desarrollo temprano. Actualmente, la comercialización se centra casi exclusivamente en el formato congelado (IQF). Un dato revelador es la concentración de los destinos: el 95% de las exportaciones peruanas se dirige a Estados Unidos, mientras que el 5% restante llega a Chile.
Esta dependencia de pocos mercados evidencia un espacio de crecimiento masivo. La diversificación hacia Europa es el paso lógico y urgente. Sin embargo, desde el MIDAGRI se ha advertido que el éxito no vendrá solo de la mano del clima o el suelo fértil, sino de la capacidad de los productores para escalar la producción y profesionalizar la logística. El reto actual es organizar una oferta que pueda satisfacer los volúmenes y la regularidad que las grandes cadenas de supermercados globales demandan.
Para las empresas agroexportadoras líderes en el país, la frambuesa es una opción sumamente atractiva debido a sus bondades agronómicas y comerciales como el retorno de inversión acelerado ya que la planta comienza a producir apenas a los seis meses de su instalación. La longevidad del cultivo que significa que una plantación bien gestionada puede tener una vida útil de hasta 15 años. El rendimiento optimizado ofreciendo altos niveles de producción por hectárea, maximizando el uso de la tierra y por último la versatilidad comercial permitiendo un doble canal de ingresos; el mercado interno absorbe la fruta fresca y sus derivados con valor agregado, mientras que el mercado externo se beneficia de la fruta congelada de larga duración.
La conclusión de los especialistas es clara: la frambuesa es el cultivo estratégico que permitirá al Perú no solo ampliar su portafolio, sino también consolidar su reputación como el «hub» de los berries en el hemisferio sur. En articulación con el Gobierno nacional y el sector privado, se busca que este fruto siga los pasos del arándano, aportando dinamismo a la economía rural y generando divisas mediante productos de alto valor.
La frambuesa no es solo un cultivo más; es la herramienta para que el agro peruano siga conquistando las góndolas más exclusivas del planeta, demostrando que la calidad y la innovación son el sello distintivo de nuestra producción.