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Crisis en Ormuz eleva los riesgos para el comercio de América Latina

El portacontenedores GFS Pride, registrado en Singapur, se hundió después de ser alcanzado por un proyectil de origen desconocido mientras transitaba por el estratégico estrecho de Ormuz. El impacto ocasionó daños estructurales y un incendio a bordo, lo que obligó a evacuar a sus 21 tripulantes. Todos fueron rescatados y no se reportaron personas heridas.

La Autoridad Marítima y Portuaria de Singapur informó que el ataque ocurrió el 13 de octubre de 2026. Después del hundimiento, varios contenedores y parte de su contenido quedaron flotando en el mar, creando un riesgo adicional para las embarcaciones que navegan por esta zona.

Las autoridades hidrográficas de Pakistán ubicaron los restos aproximadamente cuatro millas náuticas al noroeste de Ras al-Sheikh Masud, en la península de Musandam, perteneciente a Omán. La advertencia fue difundida para que los buques modificaran sus maniobras y evitaran los contenedores y mercancías dispersos en el agua.

La causa exacta del incidente continúa bajo investigación. La Guardia Revolucionaria de Irán sostuvo que el buque habría impactado minas navales mientras utilizaba una ruta que consideró no autorizada. Sin embargo, no existe evidencia independiente que confirme esa versión y las autoridades singapurenses se refirieron al impacto de un proyectil desconocido.

Un día después, otro portacontenedores registrado en Singapur, el GFS Giselle, también fue alcanzado por un proyectil mientras atravesaba Ormuz. La embarcación sufrió daños en el casco, pero logró llegar por sus propios medios a un fondeadero seguro. Sus 22 tripulantes resultaron ilesos.

La autoridad marítima singapurense expresó preocupación por la continuidad de los ataques contra el transporte comercial y recordó que las acciones que afectan a los buques deben cumplir el derecho internacional y proteger la seguridad de las tripulaciones.

Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el 28 de febrero de 2026, los incidentes contra la navegación mercante se han multiplicado en el estrecho, el golfo Pérsico y el golfo de Omán. Los ataques ya no se concentran exclusivamente en petroleros, sino que también afectan portacontenedores y graneleros.

El GFS Pride se suma a otros buques perdidos durante el conflicto. El portacontenedores Safeen Prestige se hundió tras un ataque registrado cerca de Omán en marzo. Además, el granelero Cape Dao, con bandera de Antigua y Barbuda, terminó hundiéndose después de haber sido alcanzado por un proyectil en septiembre. En ese incidente falleció un tripulante.

El estrecho de Ormuz constituye una de las rutas marítimas más importantes para el abastecimiento energético mundial. Antes del conflicto, cerca de una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural licuado atravesaba esta vía, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo.

Aunque el ataque ocurrió lejos de América Latina, sus consecuencias pueden extenderse hacia las cadenas logísticas de la región. La inseguridad puede elevar las primas de seguros, incorporar recargos por riesgo de guerra, reducir la disponibilidad de buques y modificar los itinerarios marítimos. Estos costos pueden trasladarse a los fletes pagados por importadores y exportadores latinoamericanos, incluso cuando sus embarques no atraviesen directamente Ormuz.

Uno de los mayores riesgos se encuentra en la importación de combustibles, fertilizantes, productos químicos, maquinaria e insumos industriales provenientes de Asia y Medio Oriente. Las interrupciones en Ormuz ya afectan el comercio de urea y otros fertilizantes, lo que podría elevar los costos agrícolas y presionar los precios de los alimentos en economías dependientes de insumos importados.

Los exportadores latinoamericanos también podrían enfrentar mayores dificultades para colocar alimentos, frutas, carne, granos y otros productos en los mercados del golfo Pérsico. Las navieras pueden recurrir a puertos alternativos, transbordos adicionales o conexiones terrestres, aumentando los tiempos y costos de entrega.

El impacto resulta especialmente delicado para mercancías perecibles. Cada jornada adicional de navegación o almacenamiento aumenta los gastos de refrigeración y eleva el riesgo de pérdidas de calidad, reclamos, descuentos o rechazo de la carga.

Asimismo, una subida sostenida del petróleo puede encarecer el transporte terrestre, marítimo y aéreo en América Latina. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo advierte que los mayores precios de la energía, el transporte y los fertilizantes pueden alimentar la inflación y afectar con mayor intensidad a las economías en desarrollo.

El hundimiento del GFS Pride demuestra que la crisis de Ormuz ya representa una amenaza amplia para el comercio contenerizado. Mientras persista la inseguridad, las empresas latinoamericanas deberán revisar rutas, seguros, inventarios y tiempos de entrega para reducir posibles interrupciones en sus cadenas de suministro.

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