La inversión privada en Perú registró un crecimiento de 17,6 % durante el segundo trimestre de 2026, convirtiéndose en la tasa más alta observada desde 2010, sin considerar el efecto estadístico generado por la recuperación posterior a la pandemia. Con este resultado, el indicador completó diez trimestres consecutivos de expansión, confirmando una trayectoria favorable para la actividad empresarial y productiva del país.
El aumento de la inversión privada también favoreció el comportamiento de la demanda interna, que avanzó 5,2 % entre abril y junio. La evolución conjunta de estos indicadores refleja una mayor movilización de recursos hacia proyectos productivos, infraestructura y ampliación de operaciones empresariales, además de mejores condiciones para sostener la recuperación económica durante los próximos meses.
Uno de los principales motores de este desempeño fue la inversión no residencial, especialmente la relacionada con el sector minero. Durante el segundo trimestre, la inversión minera habría aumentado 42,8 % en términos nominales, respaldada por el avance de proyectos estratégicos y por la ejecución de obras destinadas a mantener o ampliar la capacidad operativa de diferentes unidades productivas.
Entre las iniciativas que contribuyeron a este resultado se encuentran Tía María, Reposición Ferrobamba y Romina. A estas se sumaron inversiones de sostenimiento desarrolladas en operaciones como Antamina, Shougang y Antapaccay. El avance de estos proyectos genera demanda de maquinaria, suministros, transporte, servicios especializados y soluciones logísticas, por lo que su impacto puede extenderse hacia diferentes actividades económicas.
La inversión en minería también tiene la capacidad de impulsar oportunidades de empleo y contratación de proveedores. Además de los recursos destinados directamente a las operaciones extractivas, los proyectos requieren servicios de ingeniería, construcción, mantenimiento, almacenamiento y movimiento de carga. Esta dinámica puede favorecer la integración de empresas nacionales dentro de las cadenas de suministro.
Las inversiones no mineras tuvieron igualmente una participación importante. Entre las obras destacadas figura la Línea 2 del Metro de Lima y Callao, proyecto destinado a mejorar la movilidad urbana y fortalecer la conectividad entre varios sectores de la capital peruana y el principal puerto del país.
También avanzaron proyectos viales como IIRSA Norte e IIRSA Sur, en particular las intervenciones correspondientes al Tramo 4. Estas infraestructuras son relevantes para facilitar la movilización de personas y mercancías, reducir tiempos de traslado y mejorar la conexión entre centros de producción, ciudades, terminales portuarias y mercados de destino.
El crecimiento de la inversión estuvo acompañado por un comportamiento positivo del consumo privado. Durante el segundo trimestre de 2026, el gasto de los hogares aumentó 3,7 % y acumuló once periodos consecutivos de expansión. Este resultado refleja una mayor capacidad de consumo y una evolución favorable de algunos indicadores laborales y financieros.
El empleo formal en planilla creció 4,1 %, mientras que los ingresos del sector formal se incrementaron 4,3 %. Paralelamente, el crédito de consumo registró una expansión de 10,6 %, proporcionando mayores recursos para la adquisición de bienes y servicios. Estos factores contribuyeron al dinamismo del mercado interno y respaldaron el crecimiento de diferentes actividades comerciales.
La combinación de una mayor inversión, empleo formal, ingresos y financiamiento genera efectos positivos sobre la economía. Cuando las empresas amplían sus operaciones y los hogares incrementan su capacidad de gasto, se fortalece la demanda de productos, servicios, transporte y distribución, creando mejores condiciones para el desarrollo de nuevos negocios.
Este desempeño se produjo en un escenario de mayor confianza empresarial. Durante julio de 2026, los indicadores de expectativas empresariales se mantuvieron en el tramo optimista por segundo mes consecutivo. Esta percepción favorable es importante porque puede influir en las decisiones de contratación, ampliación de capacidad, adquisición de equipos y desarrollo de proyectos.
El crecimiento de 17,6 % representa una señal relevante sobre la recuperación de la inversión privada peruana. Sin embargo, mantener esta trayectoria requerirá preservar la estabilidad económica, impulsar proyectos viables, ofrecer condiciones favorables para las empresas y continuar cerrando las brechas de infraestructura existentes.
La expansión de proyectos mineros, ferroviarios y viales puede contribuir a elevar la productividad, fortalecer la conectividad y mejorar la competitividad del país. En este contexto, el desafío será convertir el aumento de la inversión en más empleo formal, oportunidades empresariales y beneficios sostenibles para las diferentes regiones de Perú.