El panorama económico nacional ha mostrado señales de una robustez notable al cierre del ciclo anual anterior. Según los reportes técnicos emitidos por los principales organismos oficiales encargados de la estadística y los gremios empresariales del país, diversos sectores clave de la matriz productiva como la construcción han experimentado una aceleración que supera las expectativas iniciales de los analistas. Este dinamismo se refleja especialmente en la industria de la infraestructura y el consumo interno, marcando un hito en la recuperación post-pandemia y consolidando una tendencia de crecimiento sostenido.
Uno de los indicadores más reveladores de la salud económica de una nación es, sin duda, la actividad edificadora. En este sentido, el consumo interno de cemento (termómetro fundamental del sector) registró un incremento excepcional del 18.05% durante el mes de diciembre de 2025. Este salto cuantitativo se atribuye directamente a la intensificación de las inversiones provenientes del sector privado, que ha retomado proyectos de gran envergadura tanto en el ámbito residencial como comercial.
Al realizar el balance anual, las cifras confirman una consolidación del sector. El indicador cerró el ejercicio 2025 con una expansión acumulada del 7.50%. Por su parte, el gremio que agrupa a las empresas constructoras del país validó esta tendencia al informar que la actividad general de la construcción finalizó el año con un crecimiento del 6.5%. Este resultado no solo representa la mejor cifra obtenida desde 2021, sino que también desmiente las proyecciones más conservadoras que circulaban a principios de año, posicionando a la construcción como uno de los motores principales de la economía nacional.
El sector pesquero presentó un comportamiento mixto durante el último mes del año pasado, logrando un avance marginal del 0.59%. Sin embargo, al desglosar las cifras, se observa una dinámica interesante en la procedencia de los recursos. La pesca continental mostró una vitalidad destacable con un crecimiento del 13%, impulsada principalmente por la demanda de especies para consumo fresco, que se disparó un 27.8%. No obstante, las variantes destinadas al procesamiento (congelado y curado) sufrieron retrocesos significativos. Mientras que la pesca marítima experimentó una ligera contracción del 0.05%, afectada por la menor captura de recursos destinados a la industria de harina y aceite (consumo humano indirecto). En contraste, la extracción para consumo humano directo tuvo un desempeño sobresaliente, con un aumento del 63.41%, liderado por un incremento explosivo en el segmento de productos congelados.
En cuanto a la infraestructura energética, la generación de electricidad creció un 2.35% en diciembre. Es relevante destacar el cambio en la matriz de generación: mientras que la energía hidroeléctrica sufrió una caída de más del 26%, la producción térmica y las fuentes renovables (eólica y solar) lograron compensar esta deficiencia, con estas últimas creciendo a un ritmo del 26.45%.
Al iniciar el presente año, los ojos de los analistas se han centrado en el costo de vida. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) para la capital reportó un incremento moderado del 0.10% en enero de 2026. Este dato es particularmente positivo si se observa la variación anual acumulada (febrero 2025 – enero 2026), la cual se situó en un 1.70%, manteniéndose dentro de los rangos meta de estabilidad monetaria.
Los ligeros ajustes al alza detectados en enero se concentraron en rubros específicos que reflejan la actividad estacional y el consumo de las familias como los servicios de hospitalidad donde los restaurantes y hoteles lideraron las subidas con un 0.33%. El equipamiento del hogar con muebles y artículos para la vivienda también registraron un ajuste del 0.33%. Finalmente, la alimentación y los productos alimenticios y bebidas no alcohólicas mostraron una variación mínima del 0.11%.
Otros sectores como vestimenta, recreación, comunicaciones y salud también reportaron incrementos marginales, lo que sugiere una presión inflacionaria controlada y un mercado interno que, aunque activo, no presenta señales de sobrecalentamiento.
El cierre de 2025 y el arranque de 2026 dibujan un escenario de optimismo moderado para el país. El liderazgo de la construcción, la resiliencia del sector energético mediante fuentes renovables y un control efectivo de la inflación proporcionan una base sólida para el planeamiento estratégico del sector público y privado en los meses venideros.