El encuentro estratégico en el Palacio de Gobierno de Lima ha puesto de manifiesto que la relación entre Perú y Chile ha evolucionado hacia una interdependencia económica compleja, donde la competencia tradicional ha sido reemplazada por una integración de cadenas de valor. Un punto central de la agenda entre José Jerí y José Antonio Kast es la gestión soberana de sus recursos naturales, específicamente el cobre. En 2026, este metal sigue siendo el motor de ambas economías, pero con una dinámica distinta: mientras Chile mantiene su liderazgo histórico, Perú ha cerrado la brecha productiva gracias a nuevos yacimientos. En la reunión, ambos líderes discutieron la necesidad de evitar una «guerra de precios» que solo beneficiaría a los compradores externos. La propuesta de Jerí y Kast se centra en la creación de un clúster minero binacional que fomente la inversión en refinerías de alta tecnología, permitiendo que ambas naciones dejen de exportar meros concentrados y pasen a comercializar cátodos de cobre con mayor valor agregado, aumentando así el ingreso de divisas y la generación de empleo especializado.
El análisis comercial revela también un cambio de paradigma sin precedentes en el sector agroindustrial, un tema que Kast abordó con pragmatismo. Al cierre de 2025, las estadísticas confirmaron que Perú superó a Chile en el valor de exportación de productos estrella como el arándano, la uva de mesa y el aguacate (palta). Este fenómeno no es producto del azar, sino de la agresiva política peruana de infraestructura hídrica, con megaproyectos como Chavimochic y Olmos que han dotado al país de una ventaja competitiva en términos de rendimiento por hectárea. No obstante, Kast subrayó una realidad comercial fascinante: este éxito peruano está profundamente ligado a capitales chilenos. Ante la crisis hídrica y las limitaciones de suelo en Chile, las grandes empresas agrícolas de dicho país han migrado sus inversiones hacia el norte. Así, las exportaciones peruanas funcionan hoy como un vehículo de rentabilidad para el capital chileno, creando una simbiosis donde la ganancia es compartida y el crecimiento de uno potencia la cartera de inversión del otro.
En cuanto a la balanza de bienes manufacturados y servicios, la relación muestra una diversificación que rompe con el modelo puramente extractivista. Chile se ha consolidado como el principal proveedor de servicios financieros, retail y repuestos de maquinaria pesada para el sector construcción y minero peruano. En contraparte, Perú ha sabido aprovechar el mercado chileno para sus manufacturas ligeras, especialmente en la industria textil de alta calidad y la industria alimentaria procesada. Este intercambio fluye bajo el amparo de un Acuerdo de Libre Comercio que garantiza arancel cero para la totalidad del universo arancelario, lo que convierte a la frontera de Santa Rosa-Chacalluta en una de las más dinámicas del continente. Sin embargo, ambos mandatarios reconocieron que la eficiencia logística sigue siendo una asignatura pendiente; los cuellos de botella en las aduanas incrementan los costos operativos, por lo que se comprometieron a digitalizar y unificar los procesos aduaneros para agilizar el tránsito de mercancías.
Finalmente, el análisis comercial no puede estar completo sin considerar las amenazas a la seguridad económica formal. Kast fue enfático al describir la minería ilegal y el crimen organizado como distorsionadores de los mercados legítimos. El acuerdo entre Jerí y el futuro gobierno chileno busca blindar los puertos de ambos países para evitar que el mineral de procedencia ilícita sea «blanqueado» y exportado como producción formal, lo que deteriora la confianza de los socios internacionales y afecta la recaudación fiscal. La promesa mutua de «certeza jurídica» busca asegurar que el flujo de inversiones —que ya supera los miles de millones de dólares en ambos sentidos— no se vea interrumpido por la inestabilidad. En conclusión, la visión compartida por Jerí y Kast es la de un eje comercial andino que, mediante la seguridad física y la eficiencia aduanera, logre posicionar a ambos países como un bloque sólido y confiable frente a las potencias asiáticas y europeas, transformando la vecindad en una sociedad estratégica de largo aliento.